miércoles, 16 de enero de 2008

FRANCISCO ARÉVALO: LOS NERVIOS INCANDESCENTES

Rafael Rattia

Miércoles, 14 de abril de 2004

“Sólo una cosa cuenta: seguir nuestra naturaleza, hacer lo que estamos destinados a hacer, no ser indignos de nosotros mismos”.
E.M.Cioran. CUADERNOS.1957-1972

“ALGO MÁS QUE BALADAS AGRIDULCES”. Editorial Arkadia, 1ª edición, 2004, 83 páginas.
Este es un libro “dinamita”, justamente como lo quería Federico Nietszche; pues en él está el artista absoluto, es en este libro donde el poeta Arévalo es dios. Si existe algo en este mundo que me honra y enaltece es precisamente la amistad que une a este poeta venezolano que viene desde hace un par de décadas forjando una literatura digna de mejor encomio. Por decir lo menos, no es justo que los textos de poesía de este egregio escritor, digno exponente de la creación poética de la última vanguardia venezolana, no figuren entre los libros de lectura obligatoria en escuelas e institutos de educación secundaria de este país. No es exagerado, Francisco Arévalo ya ha alcanzado por derecho de primogenitura una impresionante madurez poética que lo sitúa entre los poetas Mayores de nuestra larga y dilatada tradición literaria nacional. La extraordinaria calidad de su lírica lo atestigua fehacientemente. Toda la obra poética de Arévalo es una verdad apodíctica y quien ose dudar de ello es que no conoce la historia de la literatura contemporánea de este país. Este libro que desde sus primeras páginas cautiva la atención (la sensibilidad estética) del lector se me antoja un compendio asaz ambicioso de toda la desmesurada trayectoria creativa del autor. Se trata de un audaz díptico que reúne casi un centenar de poemas de disímil extensión pero que comparten un rasgo característico: la pertinaz búsqueda del Absoluto a través del poema. La poemática contenida en este libro es una que se pretende legataria de los abismos del ser; cada poema es una terrible incursión a las simas de la angustiada humanidad que el poeta asume como raíz de una genealogía íntima. La escritura del autor de este libro se gesta en medio del más terco insomnio, es así como el poema se anuncia sigiloso y cauto:Este es un libro “dinamita”, justamente como lo quería Federico Nietszche; pues en él está el artista absoluto, es en este libro donde el poeta Arévalo es dios. Si existe algo en este mundo que me honra y enaltece es precisamente la amistad que une a este poeta venezolano que viene desde hace un par de décadas forjando una literatura digna de mejor encomio. Por decir lo menos, no es justo que los textos de poesía de este egregio escritor, digno exponente de la creación poética de la última vanguardia venezolana, no figuren entre los libros de lectura obligatoria en escuelas e institutos de educación secundaria de este país. No es exagerado, Francisco Arévalo ya ha alcanzado por derecho de primogenitura una impresionante madurez poética que lo sitúa entre los poetas Mayores de nuestra larga y dilatada tradición literaria nacional. La extraordinaria calidad de su lírica lo atestigua fehacientemente. Toda la obra poética de Arévalo es una verdad apodíctica y quien ose dudar de ello es que no conoce la historia de la literatura contemporánea de este país. Este libro que desde sus primeras páginas cautiva la atención (la sensibilidad estética) del lector se me antoja un compendio asaz ambicioso de toda la desmesurada trayectoria creativa del autor. Se trata de un audaz díptico que reúne casi un centenar de poemas de disímil extensión pero que comparten un rasgo característico: la pertinaz búsqueda del Absoluto a través del poema. La poemática contenida en este libro es una que se pretende legataria de los abismos del ser; cada poema es una terrible incursión a las simas de la angustiada humanidad que el poeta asume como raíz de una genealogía íntima. La escritura del autor de este libro se gesta en medio del más terco insomnio, es así como el poema se anuncia sigiloso y cauto:

“Cuando la madrugada es una cuestión
de muros insaltables
donde una temible
diminuta
iracunda
pastilla de VALIUM los lleva
a confrontar la claridad por venir.”
Francisco Arévalo asume la creación poética con todo el riesgo que comporta fraguar un texto dictado por quién sabe que demiurgo que lo visita en la alta madrugada cuando el escritor se debate entre los turbios y mortales acantilados de Escila y Caribdis. El padecimiento de ser tan solo una sombra en medio de las sombras, la imborrable ansiedad de traer el día con la urgencia de la escritura, no es un oficio dado ni una simple elección, es una huella indeleble que hereda el creador y que le dignifica y asigna atributos propios de la creación simbólica.
La asombrosa valentía de este escritor lo lleva a colocarse al borde de la más réproba impudicia, le importa un bledo lo que piense el lector y su propuesta poética no hace concesiones de ninguna índole. No se anda con moralinas ni actitudes gazmoñas para izar la metáfora exacta, los tropos certeros, la imagen precisa y fulminante; es que Arévalo es un escritor auténtico, es el portaestandarte de una gran osadía verbal a la hora de escribir sus visiones y cosmovisiones.
rafaelrattia@yahoo.es

1 comentario:

Unknown dijo...

He conocido a Francisco en Valencia en un magnífico Encuentro poético con poetas. No sé si como dice su crítico Arévalo es dios, porque sería uno de los tantos dioses no creyentes, pero si fuera dios y no existiera habría que inventarlo por su cuidadosa elección de cada palabra y su poesía que a veces, como el buen diablo de su interior, quema.
Julio Carabelli