
"El silencio también es parte de la obra"
El recientemente ganador del premio Alarico Gómez, Francisco Arévalo, conversó sobre sus fuentes de inspiración y de cómo la literatura y el arte le han servido como sostenes espirituales.
Marcos David Valverde
Llega a la sede de Correo del Caroní con sus característicos lentes oscuros, hablar seguro, bigotes y una actitud demasiado relajada, propia de los poetas. Es Francisco Arévalo, recientemente galardonado con el premio Alarico Gómez, por el libro Tropiezos en el Campanario.
Conversar con este hombre es darse cuenta de la grave situación de la literatura no sólo en el contexto local, sino también nacional y mundial.
La posición de Arévalo en cuanto a las banalidades de los actuales temas de la literatura es sumamente crítica, pero considera que mientras estos hagan feliz a un grupo de personas, son completamente válidos.
En esta entrevista el poeta se descubre como un ser humano que existe para escribir, al tiempo que reconoce lo difícil que es vivir de la literatura en un país como Venezuela.
Crisis e involución
A juicio de Arévalo, en el municipio Caroní y en Venezuela hay una crisis en el ámbito literario que se contrapone con el huracán de ideas que tienen muchas personas a la hora de expresarse mediante el delicioso arte de la escritura.
"Tenemos que ubicarnos, en primer lugar, en el hecho de que somos un país con poca cultura lectora, a pesar de que ahorita hay un plan nacional de incentivo a la lectura. Pienso que en ese sentido y en el sentido de la formación del ciudadano, los venezolanos tenemos una involución muy grande, y no puede pretenderse que de la noche a la mañana la gente asuma la lectura con obligatoriedad, porque en todo el mundo está esa crisis", sentencia Arévalo, con un tono reflexivo y realista.
A pesar de esa crisis de lectura, el poeta se alivia con el hecho de que hay personas con intereses y pensamientos vanguardistas que tienen como medio de expresión la literatura y sus bondades.
"Lo que no existe es una crisis de ideas, porque hay gente que continúa insistiendo en que a partir del libro se pueden expresar ideas, pero puede verse afectado por un culto anodino a la tecnología y a nuevas formas de distracción que te han apartado de lo que fue esa costumbre con la cual, de repente, yo me crié: leer", continúa.
Explica que con el tiempo los parámetros en cuanto al buen hábito de la lectura han cambiado, debido a que anteriormente los niños eran criados con este hábito con el fin de crecer más como seres humanos y lograr ser mejores ciudadanos.
Escritores desarraigados
Arévalo explica que con la llegada de la postmodernidad, los escritores son vistos como sujetos comunes y corrientes que no tienen una capacidad de cambiar y marcar una época, sino que se ven en la necesidad de subsistir como cualquier otro.
"Los escritores de la postmodernidad son sujetos que viven una serie de situaciones que lo ubican en el desarraigo, pero que contradictoriamente lo reafirman en un oficio muy duro, que es el oficio de escribir y de pensar", expone.
Señala que la escritura tiene una relación directa con la lectura, debido a que el 98 por ciento del proceso creativo de un escritor transcurre en la lectura.
De acuerdo con esas premisas, los procesos de escritura de Arévalo tienen que ver con la lectura y con la manera de comparar la estética planteada con otros creadores respetables.
Destaca, además, que en ciertos momentos es importante tomar en cuenta el silencio. "Cuando uno escribe, también el silencio es parte de la obra. Si no tienes nada que decir, ¿para qué escribir? A veces, para no decir imbecilidades, es mejor asumir el silencio, porque este es uno de los fundamentos más especiales y preciosos del proceso creativo", agrega.
Solidaridad como señal de avance
El ganador del premio Alarico Gómez determina que mientras en el mundo exista pobreza y falta de democracia no hay un proceso de avance del hombre como ser humano solidario.
"Todas las cosas comienzan de una manera benévola para el ser humano cuando se le reivindica. Cuando tú abres la prensa y ves esa cantidad de jóvenes que mueren (porque en este país y en Latinoamérica quienes mueren son los jóvenes) puedes ver lo espantoso que es la falta de solidaridad, y lo peor es que en nuestros barrios pasa eso", lamenta.
El tema de la pobreza es un motivo de mucha angustia para Arévalo, razón por la cual lo reflejó en Tropiezos en el Campanario, como su manera de expresar un descontento por la violencia que predomina en los sectores más pobres.
"A mí siempre me ha atraído el lado oscuro de la sociedad. El lado brillante todo el mundo lo enseña y todo el mundo lo conoce, y ese impacto generado produjo ese trabajo (Tropiezos en el Campanario). Por supuesto, tuve que disfrazar muchas situaciones porque eran profundamente dolorosas", explica en relación con el origen de la obra que lo hizo ganador del premio Alarico Gómez.
Sostén espiritual
Arévalo deja claro que personas como él, que dedican una gran parte de su tiempo a expresarse a través de la literatura, no pueden aspirar vivir de sus escritos, y mucho menos en un país como Venezuela, donde la lectura es vista con indiferencia.
Sin embargo, asegura que la literatura va más allá de eso, porque este arte se ha convertido, con el paso del tiempo, en su sostén espiritual.
"Yo siempre he sostenido que el arte es parte de mis sostenes espirituales, aparte de que yo ejerzo la literatura como oficio y trabajo en difusión cultural, donde me relaciono con este ámbito. Esto me hace tener una vida más feliz y éticamente más saludable", expresa.
Sociedad enferma
El poeta Francisco Arévalo advierte que la sociedad se encuentra sumamente enferma por la falta de solidaridad que hay entre sus miembros.
"Esa moda de la competitividad, de tener que ser avasallante con la persona que tienes al lado en el trabajo, genera rabia, angustia e incomodidades, y de ahí sale la magia de esa literatura que tiene como fin cubrir esos conflictos y servir como una cura", señala en relación con el éxito de autores como Paulo Coelho.
Tomado del diario Correo del Caroní.
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